Ninguno de estos frameworks nació como teoría. Cada uno responde a una pregunta que me encontré una y otra vez en el camino: cómo las personas y los lugares que rodean a una universidad pueden convertirse en un solo ecosistema y generar beneficios en casa.
Un modelo escalable y autosostenible que replantea el global learning como motor de economías locales integradas en el mundo.
La inspiración de este modelo se la debo a Hilary Landorf, de Florida International University (FIU), y a nuestras conversaciones sobre global learning, y a Making Global Learning Universal, el libro que escribió con Stephanie Doscher y Jaffus Hardrick y que durante años ha sido una referencia constante en mi trabajo.
Lo habitual es que la transnational education parta de un programa que sale a buscar estudiantes en el extranjero. RB-TNE invierte el orden: primero aparece un problema compartido, y la alianza nace del trabajo para resolverlo.
En Roma, donde diseñé con Middlesex University una titulación británica, validada en 2009, y más tarde incorporé a la University of the West of Scotland. Los músicos italianos no tenían una carrera universitaria en música contemporánea, así que llevamos la titulación hasta ellos, sin que tuvieran que salir de su país.
La transnational education se ha convertido en una de las grandes vías para obtener un título, pero casi siempre circula en un solo sentido: un programa diseñado en casa que sale a buscar estudiantes fuera.
RB-TNE se nutre de enfoques que también parten de problemas reales, como el action learning, la educación cooperativa, el challenge-based learning y los living labs. Lo que añade es la inversión del orden: dos lugares que comparten un problema, o uno que necesita una ayuda que el otro puede ofrecer, construyen una alianza en torno a él, y la formación nace del trabajo que hacen juntos.
La música es uno de los caminos más directos para entender otra cultura. Este framework la utiliza para desarrollar la global competence en el campus: empieza con un piloto de un día y crece a medida que los resultados lo respaldan.
Creé este framework en diciembre de 2024, cuando Birgitta Rausch-Montoto, entonces directora de FIU Global en Florida International University, me invitó a codiseñar su Global Learning Forum. El proyecto se detuvo en enero de 2025. Le sigo agradecido por su confianza y su visión, y decidí continuar con él.
Los dos son lenguajes universales, y los dos transforman e integran. Por eso la música es una puerta de entrada tan natural al global learning.
A partir de la investigación de Nathan Riki Thomson, “Global artistic citizenship”, Nordic Research in Music Education, 2024.
Empieza en pequeño y en lo local, y después se abre al mundo. Los estudiantes la lideran desde el primer día, junto a un equipo de música, estudios globales y medios.
Una tradición sigue viva cuando quienes la rodean pueden vivir de ella. Los músicos, las escuelas, las comunidades, los escenarios y las ciudades que la sostienen forman un ecosistema, y un ecosistema se puede mapear, apoyar y hacer crecer.
Es mi framework más reciente y nació en Voices of the Americas Heritage Institute, que fundé en junio de 2023. Allí la palabra “ecosistema” entró para quedarse en mi trabajo, también gracias a Shain Shapiro, fundador de Sound Diplomacy y del Center for Music Ecosystems, y a su libro This Must Be the Place, y a Anthony Seeger, que lleva décadas haciendo avanzar la etnomusicología. El modelo está listo para su primer piloto. ¿Lo construimos juntos?
La respuesta es la sostenibilidad musical: no la ecológica, sino la capacidad de una cultura musical de perdurar en el tiempo. Se apoya en tres fuerzas.
Las instituciones de educación musical deberían implicarse, por una razón moral (mantener viva la diversidad musical del mundo) y por los beneficios educativos, culturales y sociales que eso aporta.
¿Prepara una alianza, quiere aplicar uno de los frameworks o está construyendo algo que merece una Conversación? Escríbame, será un placer leerle.